Anécdotas de familia
"Papá, péiname como Elvis", le pidió Alejandro Fernández y Chente tuvo que ir por la secadora. Es una de las anécdotas que Vicente Fernández le contó a la revista Quién en su edición 254 cuando los recibió en su rancho "Los Tres Potrillos" hace cerca de tres meses. En aquella entrevista, que a continuación publicamos, no se veía venir un retiro ya que habló sobre su regreso al ruedo con la producción "Otra vez", con la cual se dijo listo para romper récords, y reiteró el clásico: "No dejo de cantar si no se aplaudir".Anécdotas de familia
A sus 71 años está entero (cumplirá 72 el 17 de febrero), camina erguido con la frente en alto, como si tuviera veinte. Sale de su recámara en bata, pocas arrugas en su rostro, pelo blanco, bigote y ceja negra que lo caracterizan, se acerca sigiloso y saluda amablemente: "Vicente Fernández". Habla directo y sin rodeos, organiza, regresa a su cuarto, se viste de charro y pide iniciar pronto la sesión, ha dormido poco y no está dispuesto a esperar un minuto más, quiere volver a descansar.
Tiene 44 años de carrera profesional como cantante, pero dice que desde los 20 la música le da para vivir, pero eso no es lo importante asegura: "Hay dos tipos de cantantes, los que viven de cantar y los que vivimos para cantar, yo soy de los segundos, ahorita, a mi edad, no tengo necesidad económica de cantar, ni sé lo que cobro, mi vicio es salir al escenario y escuchar los aplausos, no me importa el dinero."
El amor de chente
Desde niño, Vicente conocía a la familia Abarca Villaseñor, unos vecinos con los que convivía muy seguido, pero un día, cuando él vivía en Tijuana, visitó su natal Huentitán y quedó totalmente enamorado de su Cuquita, una de las menores de la familia.
"A lo lejos, vi a una chaparrita muy abultadita de pecho con unas caderotas, chapeadita y dije, ¡hay cabrón! Empecé a preguntar quién era y resultó que era la hermana de Raúl, mi amigo de la infancia. Un día me la encontré en misa, le hablé, le regalé una flor de laurel y le dije que si quería ser mi novia, me dijo que el domingo me decía y me dijo que sí", comenta con cara de picardía.
"Yo estaba en México e iba y venía y le dije: ‘Mejor búscate un novio porque yo no voy a poder estar aquí y allá y te voy a quitar tu tiempo'. Pero una vez que regresé salimos al centro y en la noche la llevé a su casa. Ahí vimos a un tipo y yo pregunté: ‘¿Quién es?' Ella se puso blanca y me dice: ‘Es mi novio'. Y entonces le dije: ‘Ah bueno, me voy a meter y te doy 10 minutos para que lo mandes a la chingada porque tu y yo nos casamos el 27 de diciembre'. ¿Por qué el 27? Quien sabe, pero se me ocurrió y así fue, nos casamos el 27", dice el cantante.
Sus hijosVicente, Gerardo y Alejandro son sus tres potrillos. Son su razón para vivir, el motor que lo ha movido todos estos años y a los que ha decido heredar en vida.
"Los tres son excepcionales, he trabajado toda la vida para ellos, para qué voy a esperar a morirme para darles las cosas, yo ya les di todo en vida, porque después vienen los pleitos cuando mueres intestado. Son muy luchones. A Gerardo le regalé 20 hectáreas del rancho y él hizo la arena VFG, donde trae los mejores espectáculos; Vicente tiene 5 restaurantes.
Alejandra es hija de una de las hermanas de Cuquita, pero Fernández Gómez la adoptó como propia, pues desde pequeña vivió con ellos, estudió diseño gráfico y es considerada por los tres potrillos como su hermana. "Uno no es padre de los hijos que tiene sino de los que cría. Ella es igual que sus hijos", comenta con firmeza.
"Y de Alejandro... que te puedo decir, él no necesita nada, pero le di lo mismo que a los demás", asegura el orgulloso padre. Según cuenta su papá, el ahora famoso cantante Alejandro Fernández no era fanático del canto ni realmente lo veía como su vocación hasta que Vicente lo escuchó cantar y lo "lanzó como los grandes".
A sus 71 años está entero (cumplirá 72 el 17 de febrero), camina erguido con la frente en alto, como si tuviera veinte. Sale de su recámara en bata, pocas arrugas en su rostro, pelo blanco, bigote y ceja negra que lo caracterizan, se acerca sigiloso y saluda amablemente: "Vicente Fernández". Habla directo y sin rodeos, organiza, regresa a su cuarto, se viste de charro y pide iniciar pronto la sesión, ha dormido poco y no está dispuesto a esperar un minuto más, quiere volver a descansar.
Tiene 44 años de carrera profesional como cantante, pero dice que desde los 20 la música le da para vivir, pero eso no es lo importante asegura: "Hay dos tipos de cantantes, los que viven de cantar y los que vivimos para cantar, yo soy de los segundos, ahorita, a mi edad, no tengo necesidad económica de cantar, ni sé lo que cobro, mi vicio es salir al escenario y escuchar los aplausos, no me importa el dinero."
El amor de chente
Desde niño, Vicente conocía a la familia Abarca Villaseñor, unos vecinos con los que convivía muy seguido, pero un día, cuando él vivía en Tijuana, visitó su natal Huentitán y quedó totalmente enamorado de su Cuquita, una de las menores de la familia.
"A lo lejos, vi a una chaparrita muy abultadita de pecho con unas caderotas, chapeadita y dije, ¡hay cabrón! Empecé a preguntar quién era y resultó que era la hermana de Raúl, mi amigo de la infancia. Un día me la encontré en misa, le hablé, le regalé una flor de laurel y le dije que si quería ser mi novia, me dijo que el domingo me decía y me dijo que sí", comenta con cara de picardía.
"Yo estaba en México e iba y venía y le dije: ‘Mejor búscate un novio porque yo no voy a poder estar aquí y allá y te voy a quitar tu tiempo'. Pero una vez que regresé salimos al centro y en la noche la llevé a su casa. Ahí vimos a un tipo y yo pregunté: ‘¿Quién es?' Ella se puso blanca y me dice: ‘Es mi novio'. Y entonces le dije: ‘Ah bueno, me voy a meter y te doy 10 minutos para que lo mandes a la chingada porque tu y yo nos casamos el 27 de diciembre'. ¿Por qué el 27? Quien sabe, pero se me ocurrió y así fue, nos casamos el 27", dice el cantante.
Sus hijosVicente, Gerardo y Alejandro son sus tres potrillos. Son su razón para vivir, el motor que lo ha movido todos estos años y a los que ha decido heredar en vida.
"Los tres son excepcionales, he trabajado toda la vida para ellos, para qué voy a esperar a morirme para darles las cosas, yo ya les di todo en vida, porque después vienen los pleitos cuando mueres intestado. Son muy luchones. A Gerardo le regalé 20 hectáreas del rancho y él hizo la arena VFG, donde trae los mejores espectáculos; Vicente tiene 5 restaurantes.
Alejandra es hija de una de las hermanas de Cuquita, pero Fernández Gómez la adoptó como propia, pues desde pequeña vivió con ellos, estudió diseño gráfico y es considerada por los tres potrillos como su hermana. "Uno no es padre de los hijos que tiene sino de los que cría. Ella es igual que sus hijos", comenta con firmeza.
"Y de Alejandro... que te puedo decir, él no necesita nada, pero le di lo mismo que a los demás", asegura el orgulloso padre. Según cuenta su papá, el ahora famoso cantante Alejandro Fernández no era fanático del canto ni realmente lo veía como su vocación hasta que Vicente lo escuchó cantar y lo "lanzó como los grandes".



